De las discotecas a la iglesia: ¿Una conversión inevitable en la música urbana?

En una región tan religiosa como Latinoamérica, algunos artistas del género han sentido el llamado de la fe y han expurgado sus pecados.

Anuel AA publicaba el año pasado en su cuenta de Instagram una foto donde lo veíamos sentado sobre un lamborghini con la inscripción “el dinero no compra la felicidad, pero yo wa seguir llorando en la lambo [sic]”. La frase manifiesta la importancia que el dinero siempre ha tenido en la cultura del reggaetón. Las joyas, los relojes y los autos, elementos característicos de cualquier videoclip de música urbana, son hoy las preseas que los artistas exhiben orgullosos en sus redes sociales. Criados en ambientes de violencia y pobreza extrema, ahora que han logrado superar esas dificultades, no dudan en mostrarnos las pruebas de su éxito.

Sin embargo, en el ambiente urbano existe un grupo de artistas que se han replanteado la concepción de “éxito”. Aquellos para los que la fama no ha representado ningún logro, sino una condena. El crítico inglés Terry Eagleton escribe al respecto: “Es el próspero burgués quien tiende a concebir las cuestiones espirituales como parte de un reino altivamente alejado de la vida cotidiana, ya que es él también quien necesita un lugar en el que esconderse de su propio y burdo materialismo”.

Son los casos del panameño Edgar Franco, recordado como El General, quien abandonará la música (“un trofeo de parte de Satanás”) en el 2004 para volverse testigo de Jehová. Franco afirmó que fue salvado por el templo de los Testigos de Jehová donde iba de pequeño: “me rescató de una adicción a los aplausos” que, según él, le trajo excesos y una adicción al juego y al alcohol. El otro caso emblemático es el caso de Héctor El Father, quien en el pico de su popularidad decide abandonar la música. En sus palabras, esta ya no le producía ninguna satisfacción y se lamentaba por haber infectado a la juventud con ella. En el 2008 se entregará a la religión evangélica y renacerá como Héctor Luis Delgado Román, predicador de la iglesia “Cristo Misionera”.

En las postrimerías de su carrera artística, Héctor lanza Juicio Final (2008), como testimonio de su conversión en Cristo. Precisamente en la canción Mi testimonio el puertorriqueño se sincera con su público y consigo mismo: “Muchos que decían yo quiero ser como Héctor / Y yo muriéndome vacío y llorando en mi cuarto/ Y clamando y diciendo señor te necesito/ Refúgiame o la vida me la quito”. A través de sus palabras podemos escuchar la voz de Dios comunicándose con su nuevo y más ferviente siervo: “Héctor el dinero solo compra momentos bonitos/ Yo soy la vida eterna el camino y el sendero/ Recapacita que vivimos en tiempo potreros”.

Los casos de Héctor y El General son un claro ejemplo del ascenso que religiones como la evangélica y los testigos de Jehová van teniendo en nuestra región. Su presencia en las zonas más humildes de nuestro continente (espacio que antes correspondía a la iglesia católica) es impresionante. Los pastores llegan a esta zonas para ayudar a las personas más desfavorecidas y brindarles su apoyo material y espiritual. Este año 2020 Héctor junto a su iglesia abrieron el Campamento Un Nuevo Despertar Maranatha para los afectados del terremoto que azotó Puerto Rico.

En el 2015 la iglesia evangélica hizo posible la reunión de cuatro ex exponentes del género luego convertidos en hombres de Dios. Se hizo presente Julio Irving Ramos Filomeno, alias Julio Voltio, famoso por éxitos como Chulin Culin Chunfly (2005), quien a comienzos del 2014 abandonó la música para volverse predicador evangélico. En esta reunión se reencontrará con su ex enemigo Héctor, con el que batalló líricamente en múltiples tiraderas, y con Jomar Quiñones, también conocido como Jomar “El caballo negro”, con el que colaboró en la canción Tengo ganas (2011). Este último confesaría en su momento que se había entregado a Dios “porque hacía tiempo tenía un llamado desde que estaba con Héctor El Father y no hacía caso”. Completando el círculo encontramos a Christian Ponce, conocido en el género como El Sica. El testimonio de Ponce no difiere del resto. En una extensa entrevista con Rapetón confiesa que aprendió a desilusionarse de la música y que su vida sin Cristo no iba a ser nada. Hoy en día, todos los participantes de esta reunión han mostrado su arrepentimiento por su pasado musical y parecen haber alcanzado la felicidad predicando la palabra de Dios.

El caso más reciente y, definitivamente el más polémico, es el de Alejandro Mosqueda Paz, más conocido como Almighty. Luego de versionar con profundo éxito la canción de Desiigner Panda (2016), Almighty sabrá ocupar las portadas tanto por sus éxitos como por sus excentricidades. Ese mismo año empezarán sus riñas con Farruko y su compañía discográfica Carbon Fiber Music. Almighty subiría diversos videos en la red mostrando las golpizas que aparentemente sufriera por parte de la gente de Farruko. En esos videos también se haría evidente su inestabilidad mental y emocional. Tras años inmersos en la polémica, el puertorriqueño decidirá abandonar sus malos hábitos, aunque sin renunciar a la música, en beneficio de la religión.

La iglesia de Héctor Delgado estuvo siguiendo muy de cerca el proceso de Almighty, aunque la relación entre ellos no ha dejado de ser turbulenta. Héctor ya había dejado en claro su negativa por participar en polémicas y “nichos mediáticos”. Desde el 2019, Almighty renovará su carrera musical lanzando canciones de temática cristiana. Son los casos de Filipenses 1:6 (feat. Redimi2) donde rogará por el alma de sus colegas del género, y del más reciente Mi testimonio (2020), un aparente homenaje a su mentor Héctor Delgado.

Pocos pueden negar el hecho de que vivimos en una sociedad hiperconsumista. Estos artistas pertenecen al grupo de gente que se negó a perpetuar esta lógica materialista del mundo. Que los llevó, sin embargo, a optar por este camino. En primer lugar hay un fuerte deseo de llenar un vacío en el alma. Un vacío que ya no podía ser llenado ni por la fama ni por el dinero que la música les daba. El cristianismo es la alternativa espiritual más extendida en nuestra región latinoamericana. El pacto que se tiene con Dios brinda paz y felicidad a sus fieles y, esto es lo más importante y el más grande atractivo del credo, asegura un lugar privilegiado en el otro mundo.

Una de las mayores características de Latinoamérica es su religiosidad. Nuestra región se compone de una numerosa población católica, además de esta ascendente población de evangélicos y testigos de Jehová. A los creyentes, la fe les brinda un refugio ante un mundo que se les presenta hostil. La posibilidad de alcanzar la paz y la felicidad en este y en el próximo mundo son promesas muy reconfortantes para personas abandonadas espiritualmente. Para un gran grupo de gente no dejará de resultar extraño que existan personas que pareciendo tenerlo todo (fama, dinero, mujeres) hayan decidido renunciar a todo. Para nuestros artistas, sin embargo, renunciar a todo significó ganarse el cielo y alcanzar la felicidad tanto tiempo postergada.

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